Calma y Determinación, dos palabras que marcaron la vida de Rosa Luxemburgo.
Leyendo alguno de sus textos o los múltiples artículos que sobre ella se han escrito, podriamos pensar que prevalece más lo segundo que lo primero, más determinación que calma, pues en su vida fue una constante la idea de revolución, sin embargo ¿acaso una revolución no puede nacer desde la calma más absoluta?
Hoy, 15 de enero, se cumplen 107 años de su asesinato.
Un siglo después de su muerte nos gustaría conectar con esa calma, que imaginamos la envolvía mientras estaba en la prisión desde donde escribía cartas a sus amistades, en las que detallaba sus observaciones entre muros y rejas, valorando la poca naturaleza que la rodeaba.
Imaginamos su calma, poque aún estando encerrada, privada de toda libertad, su mente era libre para proyectar otros mundos posibles. Rosa estaba segura de sí misma, de sus ideales, convencida que en lo común estaba el camino, que las armas no daban respuesta a los conflictos, por mucho que el mundo, en aquellos momentos en que todos los países buscaban el rearme y engrosar las filas de sus ejércitos, le llevara la contraria. Nos resulta familiar.
Desde su mirada internacionalista percibía claramente y señalaba la opresión de los pueblos no europeos, denunciando el robo y el saqueo de recursos al continente africano y america latina, criticando el colonialismo como violencia racial.
Especial mención queremos hacer a su, nos atrevemos a llamar, proto-antiespecismo, cuando se deja entrever en sus textos que ninguna especie era más importante que otra, que la justicia debe traspasar los límites de la especie humana, y su rechazo a la explotación y el maltrato animal. Tendríamos que seguir indagando en su vida, para confirmar esta sospecha.
Dos compañeras clave en su camino: Mimi una gata con la que convivió 14 años, y a la que destina algunas frases de ternura en las cartas durante su encierro, cuidada por Mathilde Jacobs, compañera leal, etiquetada en aquellos tiempos como “ama de llaves”, a quien debemos agradecer que guardara, copiara y custodiara sus cartas para que superaran los tiempos de guerra, de la Primera y la Segunda Guerra Mundial.
Hoy se cumplen 107 años del asesinato de Rosa, pero su legado, gracias a Mathilde ha llegado a nuestros días. Nuestra intención es traerla al presente, pues en sus palabras nombra una revolución que no acabe con la vida, sino que la haga florecer.
En la actualidad, en estos momentos que vivimos en los que se habla de un “nuevo orden mundial” comprobamos leyéndola que ni es tan nuevo, ni existe tanto orden. Lo que si vemos es puro capitalismo, mucho más depredador que hace un siglo, que arrasa o mercantiliza toda vida que se encuentra delante.
Las claves para frenar este sistema ya las dio Rosa hace más de 100 años, resistir en colectividad. ¿Seremos capaces de dar pasos en ese camino? ¿Los Estados de que lado se colocarán? ¿de sus pueblos o del capital?
Ojalá nos impregnemos de esta calma y determinación para caminar juntas y construir otro mundo bien distinto al que nos pretenden imponer. Un mundo de empatía radical, de ternura, de cuidados y sororidad.
Hoy 15 de enero honramos su memoria.

